Hablar de Sevilla es hablar de muchas cosas desde muchos puntos de vista: histórico, natural, cultural, geográfico, etc.

Sevilla es su capital con su rio Guadalquivir, su Giralda, su Plaza de España, su Torre del Oro y su Catedral, sus barrios emblemáticos, su arte, su cultura y esa forma de vivir la calle y de disfrutar de su gastronomía. Sevilla capital es todo eso y mucho más.

Entre las estribaciones de Sierra Morena al norte y la Sierra Sur, fluye el Guadalquivir, el viejo Betis, regando un rico y fértil valle. En su curso bajo, y a 70 kilómetros del mar se asienta la milenaria ciudad de Sevilla, capital de la Comunidad Autónoma andaluza y de la provincia más extensa y poblada de Andalucía.

Sevilla es una ciudad emblemática y de fama universal. Por la variedad de culturas que han pasado por ella, se puede decir que Sevilla es árabe, judía y romana, y donde su río y su puerto fluvial han sido destino privilegiado del comercio de las Indias occidentales. Sus manifestaciones artísticas y folclóricas la convierten en un privilegiado destino turístico. No en vano, Sevilla se encuentra entre los tres principales destinos turísticos de España y de los veinte primeros del mundo. Ahí es nada.

Pero hablar de Sevilla es hablar también de su provincia, de su campiña y de sus sierras, la del norte y la del sur, de su Vega y su Aljarafe. Es hablar de esa otra Sevilla.

Los pueblos y ciudades ribereños son vivo testimonio de su pasado histórico y cultural.

La provincia de Sevilla es un mosaico de culturas que hunden sus raíces en el más remoto pasado. La gran cuenca fluvial del Guadalquivir, Sierra Morena y las marismas del Parque Natural de Doñana, permiten ofrecer al visitante un mapa paisajístico de grandes humedales, refugio de una variada avifauna; recorrer senderos serranos de exuberante vegetación mediterránea; contemplar al toro bravo pastando en dehesas de centenarias encinas, o perderse en tierras llanas de suaves alcores donde se asientan pueblos acogedores y ciudades monumentales que son vivo testimonio de un pasado histórico de gran esplendor.

Y hablar de gastronomía en Sevilla, es hablar, entre su variada oferta, de su máxima expresión, el “tapeo”.

En los pueblos, villas y ciudades de la geografía sevillana existe el ritual de visitar bares, tabernas y “tascas” donde degustar su variada oferta de tapas y, como no, entre ellas, de sus aceitunas, de las aceitunas sevillanas, las de toda la vida, las tradicionales, las que se recogen como siempre, a mano, la aceituna manzanilla sevillana y la aceituna gordal sevillana, acompañando a un vino de la tierra o una cerveza muy fría.

Tomar unas aceitunas sevillanas es degustar parte de nuestra historia, el fruto de nuestro olivar tradicional, olivo milenario, que nos evoca multitud de manifestaciones sociales y culturales.

Existen abundantes referencias a la aceituna sevillana en la literatura española y andaluza como tapa o aperitivo. Como la de Lope de Rueda, poeta y comediógrafo sevillano (1510?-1565), quien tiene una obra de teatro llamada “Las aceitunas”. También en el libro de prácticas festivas del teatro breve del Siglo XVII escrito por Catalina Bueso, en la obra “Entremés, venta y ventero en una pieza” nombra a las aceitunas sevillanas en el siguiente verso:

“…Rábanos hay aquí que abren las ganas.

Sáquelo.

De comer, y de aceitunas sevillanas,

No ha de dejar de ser cabal por eso…”.

España es líder mundial en producción y exportación de aceitunas de mesa (40% de las exportaciones mundiales) y Andalucía aporta el 60% de las exportaciones nacionales. Tanto es así que la aceituna de mesa se conoce en todo el mundo como un producto típico español.

Dentro del millón y medio de hectáreas que conforman el olivar andaluz, algo más de 100.000 hectáreas se dedican a la aceituna de mesa, para unas producciones medias que rondan las 500.000 toneladas anuales, según los últimos datos aportados por la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) para las dos últimas campañas.

Según datos de la AICA, durante la campaña 2013/2014 se contabilizaron en Andalucía un total de 215 establecimientos agroindustriales dedicados a la elaboración (Empresas entamadoras) de aceitunas de mesa. La provincia de Sevilla, con un total de 135 establecimientos (62,8% del total), es la que cuenta con un número mayor, presentando un papel muy destacado en municipios de larga tradición en olivar de mesa, como es el caso de Arahal, Dos Hermanas, Morón de la Frontera o Pilas.

Andalucía, y por extensión España, debe su posición de liderazgo mundial a disponer de unas variedades de aceituna de mesa extraordinariamente interesantes y adaptadas a nuestro medio geográfico, todo ello unido por supuesto a una eficiente gestión industrial y comercial histórica.

La provincia de Sevilla lidera la producción de aceituna de mesa respecto a Andalucía y España en prácticamente todas las variedades, especialmente en las tres variedades líderes en el mercado por sus volúmenes de producción, la Manzanilla sevillana, La Gordal sevillana y la Hojiblanca.

Es en las variedades Manzanilla sevillana y Gordal sevillana donde la provincia de Sevilla acapara, casi en su totalidad, la producción a nivel nacional. No en vano, estas dos variedades son conocidas internacionalmente como Manzanilla Sevillana y Gordal Sevillana.

Las variedades Manzanilla sevillana y Gordal sevillana han sido las variedades típicas de mesa por excelencia y líderes en los mercados nacionales e internacionales debido a su aptitud al procesado, sus características organolépticas, o su tamaño en el caso de la Gordal que es el atributo que la hace reina.

La producción de aceitunas de mesa en la provincia Sevilla supera el 80% de la producción de Andalucía y el 60% con respecto a la producción a nivel nacional. Por tanto, a la vista de estos datos demoledores, se puede afirmar que Sevilla ha sido y es de donde vienen las aceitunas.

Aceituna Manzanilla y Aceituna Gordal, ¡las aceitunas sevillanas!.